La inteligencia emocional también se debe entrenar

Las emociones pueden acabar con la vida de una persona, cuando no son manejadas de la manera correcta. Cualquier acontecimiento en la vida produce una emoción, ya sea positiva o negativa. Las emociones son parte importantísima de nuestra vida y por supuesto del deporte. Ellas pueden ser de gran ayuda o pueden hundirte en el más profundo de los agujeros. Bien lo dice el tatuaje del brazo izquierdo del famoso árbitro Steve Walsh: \"Aquel que se controle a si mismo, controla el juego\".

La inteligencia emocional es una nueva teoría en la psicología de la inteligencia humana, que busca identificar, entender y manejar la emociones correctamente, de manera de poder establecer mejores relaciones personales, la superación de obstáculos y el manejo del estrés. No está directamente relacionado con el coeficiente intelectual, pero puede definir el éxito en la vida de una persona, tomando en cuenta que gran parte de nuestras decisiones son influenciadas de una u otra forma por las emociones.

Daniel Goleman define las 5 habilidades que componen inteligencia emocional de la siguiente manera:
• Conocimiento de las propias emociones.
• Capacidad para motivarse a sí mismo.
• Capacidad para controlar las emociones.
• Capacidad para reconocer las emociones ajenas.
• Control de las relaciones interpersonales

Ser \"emocionalmente inteligente\" no significa tener menos emociones negativas, sino saber identificarlas y manejarlas, controlando los impulsos y reacciones que resulten contraproducentes. Es tener la conciencia suficiente para analizar un conflicto con la mente fría y evitar cometer un error imprudente que pueda afectar negativamente a tu persona y a los que te rodean. La inteligencia emocional permite adaptarse a las circunstancias adversas y aprovechar las oportunidades que siempre traen consigo.
Un individuo con alta inteligencia emocional también puede identificar las emociones, necesidades y preocupaciones en los demás. Es colocarse en los zapatos del otro para entender y compartir su punto de vista. Esto las convierte en personas con una alta empatía y capacidad de crear relaciones más profundas, tanto en su vida profesional como personal.

Al tener la capacidad de desligarse de los conflictos y analizarlos desde el punto de vista de una tercera persona, el individuo podrá controlar su ansiedad ante las situaciones de alto estrés, manteniendo su salud mental y evitando complicaciones graves como la depresión y ataques de pánico.

La inteligencia emocional en el Rugby

Es muy normal que en el entrenamiento deportivo se concentre en aspectos físicos y técnicos del deportista. Sin embargo, en la actualidad los atletas de alto rendimiento deben desarrollar un alto nivel cognitivo para poder manejar la presión psicológica del entrenamiento y de la propia competencia. Mantenerlos enfocados en sus objetivos antes, durante y después de la competencia es “jugar con la ventaja a nuestro favor” y por esta razón se debe cultivar desde edades tempranas, incluyendo a la inteligencia emocional dentro del plan de desarrollo a largo plazo del jugador integral.

Al contrario de lo que se podría intuir, la inteligencia emocional no se alcanza al obligar al niño o niña que se prepara en alguna cantera deportiva a tomar las decisiones de un adulto durante los embates de una competencia. Someter a los nóveles jugadores a esta presión psicológica incurre inefablemente en el desarrollo cognitivo del futuro deportista. Muchos de los entrenadores infantiles tratan a los niños como si ya fuesen atletas de alto rendimiento: con muy poca pedagogía y menor cantidad de refuerzo positivo. Se enfocan más en los resultados que en el proceso de aprendizaje. Estas situaciones tan negativas son excluyentes, afectan en el correcto desarrollo cognitivo del individuo y pueden impulsar la deserción del talento.

El Rugby es considerado uno de los pocos deportes que incentiva la inteligencia emocional desde sus bases. Aquí, la debilidad de un jugador es la debilidad de todo el equipo. Esto lleva al límite física y mentalmente al atleta que lo practica. Por otro lado, el contacto físico inherente al juego puede hacer que cualquier roce entre ambos equipos sea malinterpretado y genere una reacción en cadena que termine con la expulsión de uno o más jugadores. Esta es una de las tantas razones para cuidar y exaltar el nivel de inteligencia emocional en los individuos desde tempranas edades.

Un claro ejemplo de cómo afecta inteligencia emocional en el desarrollo de un jugador se puede observar en el siguiente video:
Sucede en partido de TOP14 (liga francesa). Clermont (jersey amarillo) aventaja a Pau (jersey verde) por tan sólo 2 puntos, ya en el minuto 81 del tiempo reglamentario. Es en este momento que el pilar de 22 años Beka Kakabadze, comete un acto inaceptable al perder el control y golpear a un jugador de Pau frente al árbitro. Esto le confiere una tarjeta amarilla y la respectiva patada de castigo, qué al ser efectivamente cobrada, le arrebata el triunfo a Clermont 21 a 22 en un partido que ya tenían en el bolsillo.

Este tipo de acciones puede ser evitadas si se entrena la inteligencia emocional, dentro del espectro técnico del atleta.
Para poder incentivar la inteligencia emocional en nuestros jugadores, primero debemos cultivarla nosotros como entrenadores. Si no podemos identificar y aislar nuestras emociones será muy difícil hacerlo con nuestros pupilos. Lo bueno es que podemos hacerlo junto a ellos para crecer como equipo y establecer lazos más fuertes de amistad, respeto y confianza.

Estas son algunas ideas para entrenar y desarrollar la inteligencia emocional en el grupo:
• Identifica las emociones que siente cada uno de los integrantes del equipo, antes y después del entrenamiento o partido. Incentiva la creación de un espacio donde se sientan confiados a expresar sus sentimientos.
• Podemos sentir muchas emociones. Algunas duran unos pocos segundos y generar explosiones temperamentales y otras pueden perdurar a lo largo del día para crear un estado de ánimo. Dale el espacio al jugador para que se percate de su emoción y como lo puede afectar en el tiempo, no trates de disminuirla o descalificarla.
• La intensidad de una emoción puede variar según el tipo de persona y el contexto donde se produzca. Respeta y acepta la manera de reaccionar de cada individuo.
• Las emociones no son buenas o malas, pero la forma en que se expresan si puede ser positiva o negativa. Se debe tratar de identificar la emoción en el individuo y orientarlo a canalizarla siempre de una forma positiva.
• Anima a los jugadores a descubrir cómo se sienten los demás.
• Pregúntales que podrían hacer para manejar lo que sienten, de qué manera podrían canalizar esa emoción hacia algo productivo y de qué manera podrían ayudar a los demás a lograr lo mismo cuando se sientan desbordados.

Referencias bibliográficas:
• Goleman, D. (1996): Inteligencia emocional.
• Operskalski, O. T., Paul, E. J., Colom, R., Barbey, A. K., Grafman, J. (2015). Lesion Mapping the Four-Factor Structure of Emotional Intelligence.