¿Cómo afrontar a los jugadores que no tacklean?

Una de las tareas más duras para cualquier entrenador en los niveles de entrada, es lograr que los jugadores renuentes a tacklear puedan mejorar su efectividad en la defensa. Esta es una ardua labor que consume mucho tiempo en los entrenamientos y a veces te hace preguntar ¿por que se molestan en jugar rugby si no van a tacklear?

La respuesta es: CONFIANZA. El jugador debe sentirse confiado y plenamente preparado para asumir el contacto que caracteriza el Tackle. Es nuestra labor como entrenadores trabajar el aspecto psicológico conjuntamente con desarrollo muscular del tren superior.

En mi opinión muy particular, el tackle debe ser introducido a partir de los 10 años de edad, cuando el niño ha alcanzado un pico en el desarrollo de su motricidad fina, disminuye el pensamiento egocéntrico y su cuerpo se apresta a ingresar al “estirón de la pubertad”. Sin embargo, la labor del entrenador de ligas pre infantiles debe centrarse en preparar al niño para afrontar este momento sin someterlo a las rigurosidades técnicas, entrenamientos repetitivos o exponerlo a posibles lesiones que puedan afectar su crecimiento.

Existen una cantidad de dinámicas y juegos que pueden implementarse en menores de 10 años para introducirlos al contacto en sus dos facetas: con el piso y con otro jugador.

La primera es la técnica de caida del paracaidista. Iniciar de rodillas y dejarse caer de lado haciendo contacto con el piso, primero con la cadera y luego con el hombro. Evitar colocar las manos o la pelota para amortiguar la caida. Luego se procede a realizar la caida desde los pies haciendo contacto primero con las rodillas, luego caderas y por ultimo el hombro.

Para ir preparando al infante al contacto con otro jugador, nada mejor que usar los escudos de choque y bolsas de tackle, que resultan ser una gran diversión para ellos.

Dentro de los juegos que se realizan durante la práctica se puede ir agregando elementos relacionados con el contacto. Por ejemplo la tocata & Ruck y tocata & Maul. En estas versiones adaptadas, el jugador tocado debe ir al piso con el movimiento aprendido y simular un Ruck sin oposición o voltearse y permanecer de pie simulando un Maul.

Ahora, ¿qué hacer con los juveniles y mayores que se muestran renuentes al tackle?

  • La respuesta sigue siendo la misma: CONFIANZA.

Es necesario crear un ambiente adecuado para el crecimiento personal de los jugadores, tarea dificil para los entrenadores que tenemos marcada la huella de vieja escuela. Definitivamente no ayuda en nada si nos concentramos en los tackles fallidos más que en los pequeños avances que pueda tener el jugador.

Por otro lado, los ejercicios individuales pueden pulir las destrezas pero poco ayudan a desarrollar la defensa en equipo. Es más conveniente involucrar siempre a un grupo en situaciones defensivas.

Por último, dedicar todo el entrenamiento al tackle puede resultar contraproducente. Lo ideal es alternar situaciones de contacto con otro tipo de ejercicios. Así el jugador podrá tener espacio para superar su miedo al fracaso y más pronto que tarde se verá involucrado en distintas situaciones de juego bajo presión.

El proceso de perder el miedo al tackle o al contacto en general necesita tiempo y mucha paciencia. En algún momento el propio jugador se encontrará en la disyuntiva de tacklear o relegarse. No es necesario que lo pongamos en evidencia frente al equipo. El sabe que no lo está haciendo bien y eso es suficiente presión. Es recomendable conversar en privado para dejar en claro lo que necesita el equipo y lo que esperamos de su participación. Entendamos que no todos nacimos con habilidades para el Rugby o para el deporte en general. Lo importante es que le ofrezcamos la oportunidad de intentarlo sin discriminación o rechazo de sus compañeros o entrenador, ya que de no lograrlo como jugador, podría destacarse como fanático, como dirigente y hasta como árbitro no jugador, personajes que tanto hacen falta en nuestro país.

¿Y cómo fue tu evolución en el tackle?
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